Sensores que previenen multas y bosques que crecen 3 metros en siete meses: cuidar el entorno es negocio
Nicole Norel, fundadora de Nawi, instala sensores y alertas tempranas para que constructoras e industrias controlen el ruido y el polvo, y reduzcan los conflictos con sus vecinos. Magdalena Valdés, fundadora de Bosko, planta bosques nativos de crecimiento acelerado en espacios urbanos. Ambas participaron en el quinto episodio de “Emprendedores que Impactan”, producción conjunta de Socialab y Entreprenerd.
6 DE NOVIEMBRE 2026.- El medio ambiente dejó de ser solo un asunto de cumplimiento normativo y pasó a ser una variable de negocio y de bienestar. Esa fue la tesis del quinto episodio de "Emprendedores que Impactan", el podcast de Socialab y Entreprenerd, donde Julián Ugarte y Valentina González conversaron con dos fundadoras que lo llevan a la práctica: Nicole Norel, de Nawi, y Magdalena Valdés, de Bosko.
Socialab lleva 15 años hablando de triple impacto (social, ambiental y económico). Las dos invitadas muestran cómo se ve eso en la práctica: una vende datos para prevenir conflictos y la otra, bosques que se ven crecer en pocos meses.
NAWI: DATOS PARA CONVIVIR CON LOS VECINOS
De la academia al emprendimiento, a los 40.
Nicole Norel, fundadora de Nawi, es economista y pasó una larga temporada en la academia, en planificación territorial. Allí estudió cómo la minería convive con su entorno: da empleo y progreso, pero también genera externalidades que hay que medir y gestionar.
Su diagnóstico es económico antes que ambiental. Los conflictos entre industrias y vecinos salen caros, se judicializan y hacen más lentos y costosos los permisos. Como ejemplo recordó la planta de cerdos de Freirina, que debió cerrar. Norel sostuvo que "una empresa puede estar cumpliendo con toda su normativa, pero si está molestando y causando malestar en su entorno, no es sostenible en el tiempo."
El salto llegó a los 40 años. Con sensores baratos, internet de las cosas (IoT), imágenes satelitales y ciencia ciudadana, la inteligencia territorial que antes solo costeaban ministerios y grandes empresas quedó al alcance de compañías más pequeñas. Norel no tenía experiencia en negocios, aunque en su centro de investigación llevaba los presupuestos y la gestión administrativa. Dejó la academia, dijo, porque buscaba más velocidad y decisión propia, y eligió ser "cabeza de ratón". Admitió que tuvo que pivotear bastante hasta dar con un modelo rentable y con crecimiento.
Sensores que arbitran: así funciona Nawi
Nawi significa "ojo" en quechua, según su fundadora. La empresa instala sensores en el entorno de obras e industrias, cruza sus mediciones con meteorología y con lo que ocurre en la operación, y envía alertas tempranas. No solo mide: también propone medidas de mitigación.
Muchas veces la solución no exige grandes inversiones. Norel mencionó cambios de gestión como reubicar la alarma de retroceso de un camión, o el caso de un generador que quedó encendido a las 10 de la noche: con un canal abierto con la comunidad, alguien lo apagó rápido y sin costo.
Los datos también cambian la conversación con la autoridad. Según Norel, "los sensores se transforman finalmente en una especie de árbitro". Si una empresa se pasó un jueves del límite, puede reconocerlo y mostrar que corrigió, en vez de discutir con el vecino y el fiscalizador una opinión contra otra. Lo que ha aprendido, agregó, es que "los vecinos son mucho más razonables de lo que muchas veces las industrias piensan."
Qué compran los clientes: menos reclamos y menos multas
Nawi trabaja sobre todo con constructoras y también con centros de distribución y otras industrias insertas en la ciudad, especialmente en la Región de Valparaíso donde hay muchas, debido a que la urbe creció a su alrededor. Su próxima apuesta son los olores, con agroindustria.
Para medir su impacto, la empresa calcula cuántas personas ven reducidos los decibeles o el polvo que les llega, y cuántas alertas bajan con el tiempo. Pero, afirmó Norel, "lo que más valoran los clientes son las menos multas que les pasan". Hay clientes que llegaron con el conflicto abierto y con una fiscalización encima, y hoy la contratan cada vez que inician una obra. Ante procesos sancionatorios de la Superintendencia del Medio Ambiente, el organismo fiscalizador, mostrar mediciones y un plan de acciones ayuda, explicó.
El servicio parte de una idea poco habitual en el sector: el cliente lo contrata de manera voluntaria. Norel lo define como "un seguro para poder tener continuidad de operaciones en el tiempo", y no como un costo normativo. En su opinión, "esto de ser preventivo y voluntario es mucho más revolucionario que la tecnología." Por eso valora el programa Valpo Emprende, en el que Nawi participa con Socialab: un servicio nuevo necesita confianza, y llegar acompañada y validada por pares abre puertas con empresas grandes.
BOSKO: BOSQUES NATIVOS QUE CRECEN EN LA CIUDAD
Imitar la naturaleza para recuperar el suelo urbano.
Magdalena Valdés, fundadora de Bosko, dirige una organización que funciona como empresa y fundación, aunque actúa sobre todo como empresa, dedicada a la restauración ecológica en ciudades. Su punta de lanza son los bosques Miyawaki, o bosques nativos de crecimiento acelerado, un método creado en los años 70 por el botánico japonés Akira Miyawaki. Según Valdés, Bosko lo trajo a Chile y lo aplica de forma sistemática.
Todo parte de una pregunta: "¿qué habría aquí, en este preciso lugar, si no hubiese existido la intervención del ser humano?" En Santiago, la respuesta es un bosque esclerófilo mediterráneo, con especies de hoja dura como el boldo, el peumo y el quillay, adaptadas a veranos largos sin lluvia.
Para replicarlo, Bosko imita el suelo y la hojarasca, suelta la tierra con retroexcavadora, la parte "menos romántica" del método, y planta unas tres plantas por metro cuadrado de decenas de especies nativas. Por eso, explicó, son intervenciones para espacios reducidos de la ciudad y no para el paisaje a gran escala.
De un ensayo en Pirque a una empresa
Valdés estudió historia y cursaba un máster en sociología, con una tesis sobre guerra y formación de los Estados en América Latina. Durante una caminata por Chiloé supo de la metodología y, contó, "caí en trance". Ese mismo día se puso a investigar. En agosto de 2019 hizo su primer ensayo en su parcela de 5.000 metros cuadrados en Pirque. Sus vecinos, contó, se reían de ella.
El crecimiento la sorprendió. Se planta con ejemplares de unos 20 centímetros, que casi no se ven. Valdés lo describió así: "Y resulta que después llega a dos metros y medio, tres metros en siete meses." La sombra que generan baja la temperatura del suelo y reduce el riego necesario.
Su prueba más llamativa fue dejar de regar. En otro ensayo, de unos cuatro años y medio de edad y con unas 35 especies elegidas para resistir el sol, suspendió el riego en marzo de 2025 y el bosquete pasó el verano 2025-2026. "No tiene riego desde hace un año y medio y está impecable", dijo. Es un caso propio, no una medición independiente, pero apunta en una dirección útil para ciudades con sequía. Con esos resultados y fondos de una universidad, fundó la empresa en marzo de 2021 y creó la marca Bosko en Instagram.
Un negocio para quien tenga un suelo disponible
El propósito de la empresa cabe en una frase: "todo suelo sueña con ser Bosque". Sus clientes son privados y públicos: trabaja con el gobierno regional en un programa de bosques, con municipios, con el museo MIM y en hospitales, además de licitaciones de Conaf (Corporación Nacional Forestal) y alianzas con fundaciones. Para escalas mayores usa otras metodologías de restauración ecológica. Valdés invitó a llamar a quien tenga un terreno disponible, porque "cada compra es un bosque nuevo, es sombra nueva, es impacto."
Bosko no mide los bosques Miyawaki en hectáreas, porque son intervenciones urbanas de espacios pequeños. Valdés sostiene que la velocidad importa para las personas y no para el ecosistema, porque "a la naturaleza misma en sí le importa un pepino si crece más o menos rápido". Ahí está su vínculo con el bienestar: quien participa de una plantación descubre decenas de especies que no conocía, se encariña con ellas y cuenta la experiencia a otros. Valdés lo llama un objetivo socioecológico.