El emprendedor tomecino que pasó de vender volantines a tener un conglomerado empresarial
Se trata de Jaime Eriz, quien a los 12 años comenzó vendiendo en su comuna y hoy lidera cadenas de supermercados, ferreterías, hoteles, restaurantes, entre otros.
Por donde se le mire, Jaime Eduardo Eriz Flores (56), encarna el espíritu emprendedor chileno. Ingeniero civil industrial de la Universidad del Bío-Bío y magíster en Economía y Administración de Empresas de la Universidad de Concepción, este hombre que hoy lidera más de una decena de negocios, empezó su historia con algo mucho más sencillo... el deseo de salir adelante.
"Mis primeros emprendimientos fueron entre los 12 y 14 años, cuando vendía volantines y helados, ya que se hacía lo que se podía en la localidad de Ranguelmo en la comuna de Coelemu en la Región del Biobío. Pero el impulso real llegó en la universidad, cuando necesitaba costear mis estudios", recuerda.
Con los ahorros que reunió trabajando como jornalero en una barraca durante el verano, montó un pequeño negocio en la ampliación de la casa de sus padres. "Fui formal desde el inicio y averigüé cómo iniciar un negocio, saqué los permisos y partí. Mi hermana, que estaba sin trabajo, me ayudó a atender mientras yo estudiaba".
Ese pequeño almacén se transformó en un modelo de éxito. Con disciplina, ahorro y una visión poco común para su edad, Jaime fue expandiendo su negocio. "Reinvertía todo lo que ganaba y pude traer tecnología cuando nadie la usaba, como balanzas digitales, sistemas de refrigeración modernos... eso me permitió crecer y competir con locales mucho más grandes y posicionar la Beach Market".
El resultado fue que su supermercado se convirtió en el favorito del pueblo. Y pronto no solo vendía alimentos, ya que además sumó un restaurante, un área de juegos, servicio de taxis, centro de pagos, una multitienda y hasta una línea telefónica. "Siempre buscaba cubrir lo que la gente necesitaba", explicó.
A la fecha, el emprendimiento se ha transformado en un grupo empresarial diverso en las regiones del Biobío y Ñuble, con presencia en varios rubros, con siete supermercados, seis ferreterías, cuatro panificadoras y una en construcción, fábrica de empanadas, pastelería, restaurantes, cabañas, inmobiliarias, una constructora, transporte y logística, e incluso un museo y exposiciones itinerantes de arte.
Jaime sostiene que "el orden, la disciplina y el control son la clave. Hay que saber mirar los números, mejorar constantemente, tener equipos comprometidos y relaciones de confianza con los bancos y con la comunidad".
El golpe del tsunami y el valor de levantarse
Su momento más duro llegó en 2010. En enero de ese año, inauguró un gran supermercado en el centro de Dichato. Un mes después, el terremoto y posterior tsunami lo destruyeron por completo. "Perdí todo, incluso la mercadería recién comprada. Pero cuando vi a la gente sacando los productos, les dije que se los llevaran, que los necesitaban más que yo. Eso cambió todo".
Aquella empatía fue el punto de inflexión, ya que un mes y medio más tarde, Jaime reabrió el único supermercado operativo en Dichato, símbolo de esperanza para una comunidad devastada. Ese liderazgo en la reconstrucción le valió el Premio Nacional al Empresario Destacado 2010, entregado por el presidente Sebastián Piñera y la Cámara Nacional de Comercio. "No fue sólo reconstruir un local, fue ayudar a levantar a todo un pueblo", afirma.
Hoy, el empresario tomecino es autor del libro "Ser tu propio maestro", una obra donde comparte su experiencia y su filosofía diaria. "La vida no es fácil, pero puede ser más sencilla si adquirimos sabiduría y aprendemos a relacionarnos bien con el dinero y el tiempo. Quiero ayudar a los jóvenes a encontrar equilibrio entre el bienestar, la riqueza y la felicidad".
Para Jaime, el emprendimiento no es solo una opción, es una necesidad y una oportunidad. "Muchos jóvenes hoy no encuentran su lugar en una empresa, pero sí pueden crear su propio camino. Hay miles de formas de generar riqueza y aportar al país y solo hay que entender cómo funciona el valor, cómo damos fruto a lo que hacemos, a lo que producimos o vendemos".
"Si pudiera hablar con ese niño curioso que fue Jaime Eriz, el que preguntaba sin parar en clases y soñaba con saberlo todo, le diría solo una cosa... Gracias, porque fue su curiosidad, su hambre de aprender y su espíritu inquieto, lo que me trajo hasta aquí", concluyó.
