Volver a lo esencial: menos pantallas, más ciencia activa
Por Marta González Cruz, CEO de THINKey
Vivimos en una era donde las pantallas están presentes en casi todos los aspectos de la vida cotidiana. En el ámbito educativo, esta digitalización se adoptó con entusiasmo, en muchos casos sin medir sus consecuencias. Hoy, sin embargo, la evidencia es clara: la exposición excesiva a dispositivos móviles en la infancia está interfiriendo con el rendimiento académico y mermando la capacidad de concentración de nuestros estudiantes.
En Estados Unidos, este problema ha alcanzado tal magnitud que más de 20 estados ya han aprobado o están considerando leyes para limitar el uso de móviles y tabletas en las aulas. Un artículo reciente de Time destaca cómo, en distritos como Arkansas, retirar estos dispositivos ha mejorado la participación y el comportamiento, especialmente entre los alumnos con más dificultades. No es un simple dato anecdótico; es el reflejo de una necesidad urgente de revisar cómo y cuándo usamos la tecnología en las escuelas. España no se queda atrás. La Comunidad de Madrid ha dado un paso importante al limitar el uso de ordenadores y tablets a dos horas semanales en educación primaria, prohibiendo tareas que requieran pantallas y restringiendo su uso fuera del horario escolar. Estas decisiones, lejos de ser conservadoras, responden a una preocupación legítima: durante años incorporamos herramientas digitales sin estudios que evaluaran sus efectos a largo plazo en el desarrollo infantil.
Por otro lado, la ciencia respalda esta cautela. Un metaanálisis reciente publicado por JAMA Pediatrics en 2024 muestra una correlación negativa —aunque moderada— entre el tiempo frente a pantallas y el desarrollo cognitivo y psicosocial de los niños menores de seis años. Otro estudio longitudinal del mismo medio evidencia que los niños de un año con mayor exposición a pantallas presentaban retrasos en comunicación y resolución de problemas a los dos y cuatro años. No hablamos de percepciones: hablamos de datos.
Frente a este panorama, debemos volver a lo esencial. La verdadera innovación educativa no siempre implica más tecnología, sino mejor pedagogía. Numerosos estudios demuestran que los alumnos aprenden ciencias de manera más profunda cuando participan en actividades prácticas, experimentan los conceptos de primera mano y se enfrentan a desafíos reales que estimulan su creatividad. La Universidad de Chicago, entre otras, ha comprobado que quienes interactúan físicamente con los conceptos científicos obtienen mejores resultados que quienes aprenden de forma meramente textual o digital.
En THINKey creemos firmemente en esta filosofía. Diseñamos talleres interactivos y proyectos prácticos que alinean el currículo con el aprendizaje activo, fomentando la exploración, el pensamiento crítico y el desarrollo integral de los niños. Estas experiencias no son solo un complemento educativo: son una inversión en el bienestar emocional y cognitivo de cada estudiante.
Es hora de preguntarnos no sólo cuánta tecnología debe haber en el aula, sino cuál y para qué. El aprendizaje activo, libre de distracciones digitales innecesarias, puede ser la clave para formar una generación de estudiantes más concentrados, resilientes y preparados para enfrentar los retos del futuro.
